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Hombres: las mujeres que sueñan son las que los asustan.

  • 22 dic 2015
  • 7 Min. de lectura

Normalmente escucho decir lo mismo a los hombres que están en mí alrededor: puede ser en la universidad, el trabajo, la calle, el bus, cualquier evento cultural, incluso en las redes sociales, eso del contexto es completamente transparente. Pareciera que sin importar contextos socioeconómicos - culturales, los hombres en general sueñan y desean tener en sus vidas un tipo de mujer, a saber: aquella que es capaz de estar con ellos al mismo nivel, aquella que usa tacones para estar con ellos por igual y no porque busca exclusivamente lucir bella y delicada. Los hombres en general, en su imaginario, aborrecen a la dulce princesa que espera ser rescatada del castillo.

Cuando he preguntado a algunos: ¿Cómo es el tipo de mujer que te gusta? Me han respondido cosas como: A mí me gustan las mujeres que están igual que yo, luchando por sus sueños y los sueños que tengamos en común, esas que no están esperando a ser rescatadas por ningún príncipe azul sino que son fuertes, valientes, guerreras. Me explico, a mí me gustan las mujeres que si quieren algo, estudian, trabajan y por sus propios medios logran lo que quieren. Me encantan aquellas que cuando se proponen metas, queman todas las alternativas dignas para conseguirlas. Es decir, que lo logran pero sin pasar por encima de nadie o al menos sin hacerle daño directo a alguien.

Sería bonito una mujer que pierda menos tiempo en maquillarse, acomodarse el cabello, las uñas, la ropa, y use ese tiempo en salir conmigo, en hablarme, en compartir conmigo su vida y no desperdiciarla frente a un espejo, ¡son horas! Las que desde su perspectiva “invierten” en estar lindas y ¿sabes qué? NO, no son lindas aquellas que todo o la gran mayoría de su aparente belleza es pura falsedad: cabello cepillado y planchado que si se le moja o tan solo suda un poco con el calor producido entre las sabanas (tan solo con el calor de esta ciudad) comienza a parecer pelo de muñeca de techo; senos voluptuosos y perfectamente redondos que se dan por vencidos ante la ley de gravedad quedando a mis pies cada vez que los despojo de sus sostenes (ya entiendo el dicho de mi tío: más mentiroso que un brasier); pestañas largas como abanicos en los ojos que se deshacen con el sudor y quedan todas regadas en la cara como si mi perro se hubiera sacudido en ella; uñas largas que además de arañarme y arrancarme la piel mientras somos uno (cosa que disfruto al máximo) se caen en este momento de entrega; torturadas entre un trozo de tela forrado con algún tipo de polímero que además de hacerlas derretirse en una ciudad tan calurosa como Cali, pierden poco a poco la respiración (tristemente no es por mí) y cuando logró despojarla de ese elemento de tortura sale desesperadamente toda esa carne que ella se niega a aceptar como parte de su ser, obligándose a meter en dos tallas menos de lo que realidad es; ¿Qué me dices de los zapatos? Tacones altísimos que si bien es cierto que se ven muy lindas y sexies con ellos, nos impiden caminar largas distancias, disfrutando de la brisa y una buena charla, algunas incluso se encartan con cosas como unos zapatos extras, estos últimos realmente cómodos para poder salir a caminar; ni hablar de la peor parte, ir a comer con ellas es realmente estresante: todo las engorda, les cae mal, les produce estreñimiento, muchas calorías, les producirá acné, piel grasosa; generalmente este tipo de mujeres que por bandera tienen frases como “primero muerta que sencilla” son las que más desperdician su vida porque tienen menos tiempo y disposición para disfrutar de la misma, primero porque como lo he dicho: es mucho el tiempo que requieren para cada uno de esos tratamientos: el cepillado y planchado, arreglo de uñas, maquillaje, además del dinero que invierten, cosa que por supuesto se esmeran en cuidar y por ende no pueden disfrutar de una piscina, caminar bajo la lluvia, sentarse a que el viento les pegue en la cara, comerse un helado, tomarse unos tragos.

Digamos que puedo aceptar toda esa aparente belleza que en realidad es una linda mentira muy bien acomodada, pero lo que de verdad no soy capaz de soportar es una mujer que no tenga nada interesante que decir, que solo hable de novelas o reality shows, de la moda, de la vida de la vecina, del próximo vestido que se quiere poner o de los nuevos tratamientos para adelgazar sin cirugía, de la rumba, del concierto y aún no tiene los boletos, y cuando llega el momento del silencio y la contemplación ande tomándose muchas selfies, jugando con su editor para resaltar su “belleza” y que ni siquiera sepa que es “contemplación”. Esta es una mujer con la que provoca salir solo para que tus amigos celebren tus “éxitos” con el sexo opuesto, pero no, definitivamente no es alguien con quien quiera compartir mi vida.

Sueño con una mujer que si bien cuide de sí misma y de lucir hermosa, se acepte tal y como es, pues si estoy con ella es porque la encuentro bella. Que no pierda tiempo en “matar” sus crespos con altas temperaturas, privándose del placer de sentir el agua en su cabeza durante varios días en la ducha porque arruinaría su cepillado y planchado; que se maquille, pero que tenga en cuenta que con un poco de color en sus labios es suficiente, es más, que muchas veces la veo hermosa así, sin maquillaje, porque amo sus pecas, esas que esconde cuando le da por aplicarse base, polvos, corrector y yo no sé qué otra cantidad de cosas; que se vista cómoda aceptando las tallas que tiene, las mujeres siempre saben vestirse bien, no es necesario que se exhiba todo el tiempo, los jeans, pantalones y las camisas también aportan a su belleza y elegancia, que cuando quiera use tacones y cuando quiera use unos zapatos más cómodos, pero solo porque ella lo quiere, no porque ya no soporta más la tortura de los primeros.

Sueño con una mujer independiente, con una que tenga claro que quiere en la vida, que le gustaría ser, como quiere aportar a la sociedad y sobretodo como quiere realizarse como persona, aquella que si quiere un vestido nuevo o un libro nuevo va y se lo compra, porque es dueña de su propia economía y no depende de nadie para obtener lo que desea; deseo una mujer que me proponga planes, que me diga para donde quiere salir y que quiere hacer; que escoja lo que se quiere comer del menú, sin pensar en calorías, solo en lo delicioso del plato; que cuando quiera tener sexo me lo proponga, me busque, me seduzca; una que sea capaz de hablar idioteces como programas de tv, pero también me enseñe cosas nuevas, importantes, valiosas, palabras extrañas que cada vez que las pronuncie me la recuerden a ella; que no le importe escalar montañas, dormir en una carpa, llenarse las uñas de los pies de arena porque salió a correr en la playa, que baile como sienta la música y no como son los pasos de la misma; una que cuando yo este mal sea capaz de bajar hasta donde estoy y ayudarme a subir; una que si se cae esté dispuesta a levantarse por sí misma y tomar mi mano si se la doy para que lo haga más fuerte y más rápido, no una que se explaya en el fondo del abismo en posición de dulce princesa agonizante esperando a que vaya por ella; una que toma fotos para recordar el momento y no para mostrarle al mundo lo “bella” que es; una que pueda realizarse sin mí, que pueda ser y estar sin mí, pero que frente a todo lo capaz que es, decida estar conmigo para compartir lo maravilloso de su ser y por ende permitirme darle lo mejor del mío; sobretodo aquella que encontrándome defectos siga viendo en mí el hombre que quiere para sí.

Pero, obviamente, es la mujer con la que sueño, no con la que estaré en realidad, esta mujer es muy peligrosa para mí y no podría en realidad estar con ella. En mi naturaleza masculina esta “el cazar”, con ella me sentiría “Cazado”. Me explico mejor, no podría estar con una mujer que no me necesite todo el tiempo y para todo, una mujer que no dependa de mí, eso me haría sentir un tanto inútil, pues como hombre estoy para orientarla en lo que le queda mejor para vestir, en lo que debería comer, en las películas que deberíamos ver, los lugares que debemos visitar en vacaciones y otras tantas cosas, porque ¿Qué sería de mi masculinidad sino estoy para ser el líder y guía de ella? Una mujer como la que sueño es tan autónoma que en cualquier momento se puede ir y dejarme solo, es peligrosa porque si no estoy a su nivel, tranquilamente se marcha, continua siendo y existiendo sin mí.

Es peligrosa porque todo el tiempo me haría exigirme más como hombre, como persona y como ser, para merecer estar al lado de ella. Sinceramente, no estoy para desvivirme por una mujer a toda hora, para mejorarme constantemente solo para poder estar a su nivel. La solo idea que pueda ser mejor por una mujer me aterra porque ¿yo como hombre como quedó? Las que piensan por sí mismas harán lo que quieran y cuando lo quieran, si yo no estoy de acuerdo poco le importará, viajará y conocerá el mundo con o sin mí.

Sé que le romperé le corazón cuando le diga que no soy capaz de seguir su ritmo, su autonomía, su libertad, que no soy capaz de tener junto a mí todo lo que amo y lo que me enamora de ella, llorará seguramente, no es una piedra, pero luego, se hará más fuerte de lo que ya es, continuará con su vida y será exitosa y yo, yo me quedaré aquí todas las noches soñando con ella, mientras que el miedo que me produce el arriesgarme a vivir a su lado me deje tranquilo y satisfecho con el tener por mujer a aquella que depende todo el tiempo de opinión para sentirse bella y de mi dinero para poderse financiar esa belleza que le celebro, mientras habla cosas insulsas que sinceramente no tengo idea sobre quiénes son, pero, estará allí siempre, y yo podré ser su macho alfa que la guía, quizás me arrepienta algún día de haber escogido ser el macho alfa de una dependiente y no el compañero de aventura de una verdadera mujer libre. Lo más probable es que lo que más me va a torturar es saber que si existe un hombre más valiente que acepta ser su compañero de aventura, le costará trabajo encontrarlo, pues ese tipo de hombres son tan escasos como ella.

Después de aquella conversación, solo pude responder con un largo silencio y una fuerza enorme para contener las ganas de abofetearlo por imbécil. Concluí que los hombres sueñan con mujeres que los asustan.

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