Camino hacía el cielo azul
- 6 ene 2018
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 29 ene 2025
Nota: Este es el primer texto escrito a dos manos, una soy yo y la otra el íncubo protagonista de este relato.

Es una noche común, me encuentro tendida sobre mi cama, disfrutando del brillo de la luna que se rehúsa a apagarse tras las negras nubes que se han encargado de lavar la ciudad y de paso a mí, mientras volvía a casa. El frío aunque hace parte de mí, se ha hecho más recalcitrante hoy que las otras madrugadas.
De repente ya no estoy sola en mi habitación, ahora está aquí, con su mirada fija sobre mí, esa que delata el deseo, la pasión y la lujuria, características que lo componen, propias del íncubo que es, por ende es normal que me haga sentir fuertemente atraída hacia él. Aquí se encuentra delante de mí, parece que leyera mi pensamiento, conoce mi deseo: encontrarme en su cielo. Aunque es bien sabido que para los vampiros como yo y los demonios íncubos como él, el cielo nos esta negado, quiero pensar inspirada en su traje azul que si es posible otro cielo para nosotros, y que es justo este el momento para que a él lleguemos…
- Tengo frío, ¿habrá algo de calor para mí esta noche? – le digo mientras sostengo su mirada que dice tantas cosas y a la vez ninguna. Ahora ocupa el lado vacío de mi cama y acomodando los brazos de tal manera me invita a recibir un poco de calor, ese que emana naturalmente de su pálida piel, calor que hoy ha traído del infierno mismo, solo para mí. Cedo ante la amable invitación y tímidamente postro mi cabeza sobre su pecho, ubicación perfecta para escuchar claramente el latido de su corazón ¿Quién iba a imaginar que un íncubo tendría en su corazón tan bella tonalidad de colores materializados en cada uno de los sonidos que de él nacen?
Las palabras expresadas en sonidos ya no son necesarias, mientras que en ese abrazo el calor de su piel se transfiere bondadosamente a la mía, su infierno lentamente comienza a fundir mi hielo, todo empieza a transformarse, el mismo lenguaje ahora es kinésico, no puedo negar que me encanta, que siento como mi corazón nuevamente comienza a palpitar, esta vez junto al suyo, es evidente como manifestar la sensación de encanto se queda insuficiente frente a lo que ahora estoy sintiendo, ese enorme placer que sube enérgicamente al darme cuenta que también él lo disfruta, tanto o más de lo que lo estoy haciendo en este momento.
Tímida pero decididamente él se posa sobre mi cuerpo cubriéndome completamente, se encuentra totalmente decidido a desterrar de mi piel cualquier rastro de frío y desolación, acaricia mi cabello enredando su dedos en mis crespos, mientras la mirada se sostiene, las manos de ambos inician exploración del otro ser, puedo sentir sus manos tibias sobre mi rostro, hombros, brazos, incluso se aventura a recorrer mi espalda con la candente yema de sus dedos, delicados y decididos movimientos realizados por sus manos recorren mi piel.
Un movimiento bastó para estar sobre él, verle jugar con mi cabello rojo me brindó la confianza suficiente para besarle el cuello lentamente, subir a su oreja con el fin de hallarme muy cerca de sus oídos y gracias a tal cercanía pueda escuchar suavemente mis besos, mis poros delatan las cosquillas que genera en mi piel el roce con su barba, esas que producen vacíos adictivamente deliciosos en el estómago, mientras los besos continúan recorriendo el camino hacia su boca. Él lo disfruta, disfruta hacer reaccionar mi cuerpo como una mundana más, recordando mi humanidad a la cual alguna vez pertenecí, olvidando por un segundo de eternidad que soy una vampira solitaria, al parecer esta noche él está dispuesto a devolverme el cielo que hace mucho acepté como negado para mí, me genera más placer de lo que se imagina verlo tan cómodo, tan dispuesto, tan deseoso de mí.
Su vanidad demoniaca es alimentada por el deseo lujurioso en ambos: él siente enorme placer de ser el causante de que ahora me encuentre en este crescendo de sensaciones casi olvidadas y yo solo marcho felizmente en el camino que me lleva a su cielo. Mi cadera ha iniciado lentos y sutiles movimientos al ritmo de las olas del mar, movimiento con el que solo busco la mejor posición para sentirle, intención que él percibe y sin el más mínimo pudor, revelando una sonrisa pícara y un desplazamiento audaz de sus manos me revela que ahora su hombría está firme, altiva y dispuesta para mí. Mis labios se unen a los suyos, nuestras caderas comienzan a danzar suavemente y nuestras piernas a entretejerse, ya no es necesario distinguir un cuerpo del otro, ha llegado ese momento en que los pesados ropajes exigen ser lanzados al suelo y revelarnos completamente el uno ante el otro.
Son mis manos las que se deslizan por su espalda y con celeridad voy llevando su camisa hacia arriba, las miradas y el ritmo de la respiración piden lo que los cuerpos demandan al otro. Interrumpo momentáneamente nuestros besos sólo para fundirme un poco más al sentir su suave piel contra mis senos, escucho su voz que me dice: - me encanta como lo haces – y ahora mi boca se une a la exploración de su cuerpo. Sentados, me encuentro sobre él, mis piernas a su alrededor sujetándolo contra mí, sus manos van marcando líneas entre mi nuca y mis glúteos, mientras se asegura de tenerme bien contra sí, con el fin de que nuestros latidos se confundan entre su pecho y mis senos, su boca se encarga de dibujar el mapa de mi ser y mientras mi cuello se expone completamente, está en mi pecho, grabando con su lengua la forma y color de mis pezones, la sensación de su barba en ellos son la forma en como lentamente él se tatúa en mí.
Puedo sentir su aroma mientras mi rostro se pierde en su cabello y mis manos continúan sujetándolo, sutilmente aprobando cada uno de sus movimientos, mis piernas aunque abrazadas a su ser lentamente ceden ante su presencia, dando la bienvenida a sus manos que han bajado por mi espalda y se dirigen hacia los ángulos de mis piernas, mi cadera aprieta un poco y eso… eso está muy bien, sus manos descubren poco a poco que hay más humedad de lo habitual, se hace evidente la absoluta disposición de recibir tu hombría en mí.
Pero aún quiero seguir delineándolo con mi boca, grabar en mi mente el mapa de su cuerpo, así que bajo lentamente y besó sus pezones mientras mis manos aprietan su cintura, es inevitable la firmeza que hay entre mis piernas y como se canaliza un precedente de “te doy” y “un recibir”, poco a poco me deslizó más hacia el sur de su ser, sus manos reciben mi espalda y sujetan mi cabello, mis piernas siguen enredadas en las suyas, eso eleva el deseo en ambos. Mi bello íncubo esta recibiendo y expulsando ya no sólo una sensación, poco a poco comienzo a sentirme más suya, me voy haciendo más sumisa a su deseo... sólo porqué también es mi deseo, que se transforma en un verbo omnipresente en todas las partes de nuestro ser: boca, manos, ojos, cabello, nuestro pecho y sexo, Todas son receptivas a la descarga de energía que corre potentemente por nuestras venas.
Mis manos han comenzado a descubrir lo que se esconde bajo su pantalón... lentamente dejo expuesta toda su piel, sus piernas, cadera y el altivo sexo que se alza contra mi pecho, imponiéndose, sólo resta rendirse ante su presencia, besar sus cimientos y los ángulos de sus piernas, mientras subo lentamente hasta la cima de su falo con mi lengua, mis manos acarician su pecho, mis pies sus pantorrillas. A su vez, él consiente mi cabello y observa como me dedico a hacerle estremecer sus fibras, de esta forma acomodo lentamente mi cabeza en una de sus piernas mientras comienzo a unirme a él al besarte suave y dulcemente su sexo, que con su sabor y textura hace evidente que también me desea, sus manos juegan con mi cabello y descubre la sensualidad que despiertan mis hombros desnudos al sol pero esta vez se iluminan para sus manos.
Le resulta inevitable no haber dejado escapar un poco de dulce néctar cargado de su esencia misma, mientras mi lengua y labios repasan cada una de las partes de su hombría, una mano sobre su pecho y la otra en base de su sexo, acariciando suavemente la cuna de la posibilidad de extensión de su legado, ahora puede percibir sin ninguna cuán preparada estoy para recibir profundamente todas las de sensaciones que desea otorgarme esta noche, me agrada, estoy ahora más que dispuesta para él, siente mi humedad palpitante, mi cuerpo ha elevado su calor, ahora la razón de mi temblor es la excitación que produce en mí, en mi entrepierna nace un manantial que desea saciar su sed, estoy empapada, es el momento preciso en el que mis piernas se separan en señal de bienvenida al fondo de mi calor, su falo entra altivo y se baña en el bálsamo de opio, ya no somos ni íncubo, ni vampira, solo somos un solo ser que se funde de diversas maneras, disfrutando de esta noche que parece un sueño, logrando una y otra vez alcanzar el máximo de clímax posible, llegando al cenit de su cielo, ese que trajo para mí esta noche, ese que justo en este momento estamos compartiendo.


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