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Sacrificio

  • 20 may 2019
  • 2 Min. de lectura

La Demonia ha decidido aceptar que no pertenece al paraíso, lo ha dejado atrás y al ángel encerrado en él.

Ha emprendido marcha a un nuevo infierno, una nueva oportunidad para renacer,

Aún no encuentra a Liz, aún está incompleta, continua el viaje para encontrarle…

Ha llegado a destino y las sombras de la noche le reciben triunfante, es el infierno mismo, después de todo: una calurosa bienvenida a casa.

Par de niños traviesos le reciben en el portón y hacen los honores correspondientes a tan poderosa Demonia, no saben su secreto, no saben que está rota, vacía y sin Liz…

La noche se ilumina con el brillo juvenil y alegre que brota de los ojos de aquellos niñitos.

No hay tiempo que perder, hora del paseo por el infernal terreno saludando calaveras y diablitos.

Cerca de la media noche es momento de renacer, ha empezado el ritual de sacrificio en honor a la Demonia:

Aguas termales purifican su cuerpo cansado y maltratado, aguas nacidas de la profundidad de la tierra preparan la carne del niño que será entregado para disfrute del infernal y fémino ser…

La tenue luz de la luna brilla sobre el mezón donde descansan las tiernas carnes, pálidas y jóvenes del niño que será entregado voluntariamente para el placer de ella, está sedienta de la vitalidad de su juventud, con celeridad en el movimiento entremezclada con extraña ternura, disfruta sentir el olor de la piel del niñito para descubrirle convertido en joven hombre, que en su intento de ser dominador termina cediendo sutilmente a los sus designios, caprichos y voluntades…

Pieles humanas y divinas se entremezclan en cuerpos que inician danzas silenciosas para descubrirse, conocerse y encontrarse, la oscuridad les arropa y el viento susurra cánticos eróticos, llevando a los oídos correspondientes leves gemidos de placer y complacencia,

Las manos cumplen a cabalidad su misión de levantar la cartografía de los cuerpos,

Nacen ríos de agua viva testificando la aprobación de ambos cuerpos dispuestos a la entrega, a fundirse y volverse uno solo…

Poco importa la condición de humanidad o divinidad, ambos unidos por sus comunes almas rotas, sobran las palabras y ahora son los labios que recorren y tatúan senderos de rutas que unen pedazos de desencuentros, soledades, frustraciones y decepciones… y se dibujan trazos que marcan las rutas de la fusión de los cuerpos que adhieren con sus piernas ejerciendo la fuerza y vitalidad del Kraken sus almas rotas,

A sus cuerpos se reincorporan almas reavivadas, renacimiento de la Demonia y el niño transformado en hombre se postra a sus pies… miradas complacientes para reafirmar el éxtasis máximo del momento, rayos de luz que tímidamente iluminan el espacio, anunciando que el ritual ha terminado… Demonia y hombre al mismo nivel, es más que placer, es mera reafirmación de la existencia Demoniaca y humana.

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