Supongamos...
- 8 oct 2023
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Supongamos que hoy le he permitido a mis emociones e instinto tomar el control, que mi racionalidad ha sido encerrada donde usualmente escondo al imperioso deseo de unirme a ti cuando las condiciones tempoespaciales tienen a bien comportase de forma tal que se da el estado ideal para que nuestras corporeidades se reúnan en el mismo espacio-tiempo y puedan estar próximas.

Supongamos que hoy logro vencer el campo moral que me impide acercarme a ti tanto, tanto como quisiera, que junto a la racionalidad, están confinadas en lo más profundo, muy cercanas al olvido, “el deber ser”, “la moralidad”, “la ética”, “las buenas costumbres” y todos aquellos guardianes que sujetan fuertemente mis manos cuando quiero tocarte más de lo permitido; aquellos que amordazan mi boca y enclaustran todas las cosas bellas que quiero decirte, que sujetan mi cabeza y le impiden a mi boca acercarse a la tuya.
Mis brazos te abrazan por la cintura, mientras mis manos recorren el camino hacia el norte en tu espalda, mis senos tan cerca de tu pecho y mi cadera tan proximal como quiero que esté respecto a la tuya, nuestros vientres tan cercanos que puedo sentir cómo se expanden y contraen con cada respiración. Tus manos tímidas y con algo de indecisión sujetan mi cadera y al momento de tocar mi cuerpo, todo tu ser se llena de determinación y me sujeta fuertemente hacia ti, permitiéndome sentir tu dureza que se iza con ímpetu como si buscase interpelar mi pelvis.
Mis manos se posicionan en tu cuello, mientras la otra se apropia de tu cabeza, nuestras miradas, cada vez más cercanas, me permiten sumergirme poco a poco en el mar de tus ojos y como quien toma el ultimo aire antes de adentrarse en la profundidad del océano, caen los parpados y nos hundimos en la humedad de nuestros labios, que rápidamente entienden el ritmo del otro y se sincronizan en un armonioso nadado del que también hace parte nuestras lenguas. Cada movimiento va tomando posesión del cuerpo del otro, poco a poco, se inicia el despoje del afán que impone el tiempo y de cada una de las prendas que cubrían nuestra piel.
Me permito dejarme hipnotizar por la belleza de las estrellas, que forman constelaciones en tu piel, solo quiero comenzar a realizar el recorrido con mis manos, para memorizarlas y besarlas: dulce, suave y lentamente. Su pelaje en mi pecho me abriga y sus piernas se abren paso hacia mi ser, buscando el posicionamiento perfecto para estar en lo más profundo de mi ser, queriendo llegar al origen mismo del manantial que lentamente comienza a fluir y a dibujar un paisaje, en donde mis piernas son robustas cordilleras que se despliegan y se articulan con las estrellas sobre mí. Las aves legendarias sobre nuestras espaldas renacen al calor de nuestros cuerpos, con hermosos y coloridos plumajes, extendiendo sus alas, dejándonos suspendidos en el aire, disfrutando de un vuelo perfecto.
Te unes a mí, fusionándote hasta el fondo de mi humana existencia, tienes mis manos sujetadas con tan solo una de las tuyas, mientras la otra dispone uno de mis senos para ti. Tus parpados se entre abren para permitirme extasiarme con los Neptunos que tienes en los ojos y tu sudor, cae sobre mi piel como torrencial aguacero que ilumina mi piel, un complot entre tu mirada y tu sonrisa, esa que con tan solo aparecer, hace que todo lo malo deje de existir.
Supongamos que puse cuidado a cuando me hablabas de vuelos, fuegos, cuerpos, artefactos mágicos, mochilas contenedoras de artilugios, de futuros posibles y contactos con seres del más allá, de futuros alternos y posibles. Supongamos que nunca me distraigo pensando en el sabor de tus blancos ríos de vida y en el olor de tu cuerpo al derretirse por la temperatura cuando se encuentra en estado de profunda fusión de almas.
Solo, supongamos...


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